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La clave está en compensar los excesos. Hay que ser razonable y no hacer más que una concesión por comida quienes padecen diabetes, obesidad, celiaquía o tienen el colesterol alto, sólo por citar algunas enfermedades o problemas de salud que exigen una alimentación más vigilada, no lo tienen fácil en Navidad. Tampoco quienes hacen régimen por mantenerse en determinado peso. Y es que los dulces típicos de estas fechas, entre cuyos ingredientes destacan los azucares y las grasas, no figuran precisamente entre los más saludables y equilibrados. Pero su consumo, si es moderado y adaptado a las necesidades de cada persona, no tiene por qué ser eliminado de nuestra dieta.
Frutos Secos o Frutas Desecadas
Los frutos secos (almendras, piñones, nueces) y las frutas desecadas (orejones, ciruelas y uvas pasas) constituyen una alternativa dulce, deliciosa y más saludable a los típicos productos navideños, sin olvidar que se trata también, de alimentos energéticos. En los frutos, secos abundan las grasas "buenas", aunque muy calóricos, y las frutas desecadas son "concentrados" de azúcares sencillos. Esto obliga a consumirlos con moderación en caso de seguir dietas de control de peso, de grasa o azúcares.
Las variedades de postres navideños acompañados del mensaje "con fructosa" o "sin azúcar añadido" aumentan año a año, a la par que la confusión sobre su aporte calórico. La mayoría de consumidores que creen que se trata de productos menos calóricos, pero no siempre es así.
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